PREGUNTAS FRECUENTES

Preguntas Generales

La terapia psicológica, o simplemente terapia, es un tratamiento que se usa como medio para resolver problemas de la vida. Su principal instrumento de curación es la comunicación que busca estimular pensamientos, sentimientos, sensaciones y conocimientos, que tiene el paciente pero que no sabe como aplicarlos o no logra identificarlos plenamente.

Esta comunicación implica un alto grado de confianza y tiene como recurso principal simplemente hablar, aunque a veces se usan otras técnicas como dibujar, escribir, actuar, etc.

El terapeuta es un profesional especializado y calificado en tratar problemas psicológicos y de conducta.

Una terapia no se inicia cuando alguien te lo sugiere, sino cuando sientes que ya no hay nada que tú puedas hacer para salir de la situación, cuando el sufrimiento es tal que se hace insoportable e inmanejable. Ese es el momento, en el que sientes la necesidad de que un profesional te ayude, y analice la situación desde un punto de vista diferente, más objetivo y profesional.

La psicoterapia ofrece la oportunidad de identificar los factores que contribuyen a su depresión y a afrontar eficazmente las causas psicológicas, conductuales, interpersonales y situacionales.

Al enfrentar junto a un psicoterapeuta aquellos problemas que te causan dolor o malestar, y poder hablar con confianza y con libertad sobre uno mismo a alguien que no te juzga sobre tus sentimientos y tus experiencias reprimidas, estás dejando expresar tus pensamientos y sensaciones ocultos, lo cual es beneficioso para el bienestar.

Probablemente es el enfoque más dirigido a resultados. La duración está muy marcada por los objetivos definidos por el paciente al inicio del tratamiento. La media de duración de la psicoterapia ronda entre los 3 y las 12 meses.

El proceso terapéutico es aquel que tiene lugar entre el paciente y terapeuta desde que comienza la terapia. Todo lo que ocurre a lo largo de todo el tiempo de terapia (incluido entre sesiones).

El proceso terapéutico te permite poner más conciencia en lo que estás haciendo, sintiendo y pensando. La presencia del terapeuta facilita que esta conciencia se vaya ampliando, permitiéndote darte cuenta de cómo tú mismo formas parte de las situaciones que te hacen sufrir. Esto es lo que te permite poder hacer algo con ellas.

Sobre terapia de pareja

Cuando una pareja tiene problemas en su relación y no logra solucionarlos sino que se van manteniendo en el tiempo, llega un momento en que dichos problemas empiezan a deteriorar la relación cada vez más, generando insatisfacción y pudiendo llegar a romperla. Es entonces cuando algunas parejas deciden acudir a un psicólogo para realizar una terapiade pareja que les ayude a salvar su relación.

Pero la terapia de pareja no sirve solo para parejas con problemas, sino que incluso una pareja con una buena relación puede acudir a un psicólogo especializado en relaciones de pareja para aprender a comunicarse mejor, prevenir futuros conflictos y tener una relación más armoniosa y duradera así como fortalecer sus vínculos y conocerse mejor el uno al otro.

Cuando la relación empieza a deteriorarse y se piensa seriamente que no se aguanta más y no se ve salida, es el momento de plantearse la posibilidad de que alguien ajeno y profesional pueda echar una mano. La posibilidad de la separación está siempre ahí, pero hay que tener en cuenta que es muy dolorosa, sobre todo cuando hay hijos pequeños.

La terapia de pareja es cosa de dos y normalmente es uno el que da la voz da alarma y el otro, al menos, tiene que estar dispuesto a colaborar. Si no es así, el que ve el problema todavía se puede acudir al profesional, que podrá ayudar aunque, lógicamente con menos capacidad de maniobra. El principal problema en el fallo de la terapia de pareja es que se acude al profesional cuando ya no hay solución.

La primera sesión de la terapia es para conocer, evaluar y obtener un diagnóstico de la situación. Esta evaluación puede extenderse varias sesiones y consiste en entrevistas por separado de la pareja y en resolver cuestionarios para cada uno.

Al finalizar la etapa de evaluación se plantean objetivos y metas para las sesiones. Se comienza el trabajo planeado. Este trabajo y la duración de las sesiones puede variar de una pareja a otra. Las técnicas que se emplean pueden ser técnicas de comunicación como charlas o explicaciones informales y otras muchas para lograr los cambios esperados.

Una terapia de pareja debe tener objetivo bien definidos planteados por los dos en cuanto a lo que desean lograr y en conjunto con el Psicoterapeuta. En ocasiones algunos terapeutas consideran conveniente dar alguna cita de forma individual pero no de manera constante y sin desviarse de los objetivos en común como pareja; de otra manera el tratamiento se convertiría en sesiones individuales. Para que un tratamiento funcione debidamente es muy importante que los dos se sientan en un marco de confianza, objetividad y neutralidad de parte del especialista.

Si bien una pareja es cosa de dos, el modo en el que cada uno siente pertenece a uno mismo.

Esto es, el cómo tú valores la situación que estás viviendo es lo que te va a hacer sentir de un modo u otro. No podemos obligar a nuestra pareja a asistir a terapia, pero podemos asistir a terapia para encontrarnos mejor nosotros mismos y afrontar y superar esta situación mejor. Con frecuencia, pasado un tiempo, la pareja acaba cediendo ir y se anima a participar en una terapia.

Sin embargo, en cualquier caso, lo importante es que comprendas que cada uno es responsable de su propia felicidad.

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Sobre terapia Familiar

Si bien para muchos puede resultar obvio esto último, no lo es tanto. Es verdad que se diferencia de una psicoterapia individual ya que asisten todos sus miembros, pero no sólo eso. La gran diferencia es que la familia completa es vista como un todo. Es decir, se toma al grupo por entero como sujeto de tratamiento, y no sólo a algunos de sus miembros. El terapeuta puede en ocasiones citar a sólo partes de la familia, como por ejemplo a la pareja de padres, al grupo de hermanos, etc. Pero esto lo hace sin dejar de lado que “su paciente” es la familia completa. En otras palabras, se tiene siempre en mente que el objetivo principal de la terapia, pese a las dificultades individuales que puede haber, es un mejor funcionamiento de la familia completa.

Significa que el terapeuta trabaja con un objetivo en concreto y en común con el grupo familiar, el cual tiene como fin mejorar, solucionar y trabajar una o más áreas a beneficio del bienestar de la familia en su conjunto. Por ejemplo: Un objetivo terapéutico familiar puede ser el mejorar la comunicación entre sus miembros, aprender a escucharse mutuamente y a resolver de mejor manera sus conflictos.

l principal objetivo de cualquier Psicoterapia Familiar es mejorar el funcionamiento de la familia como un todo, y por ende, abogar por su bienestar y el de cada uno de sus miembros. En cuanto a objetivos específicos, estos se plantean en común acuerdo entre el terapeuta que trabaja con el grupo, y el grupo mismo. La idea es que todos estén de acuerdo en trabajar hacia el mismo lado en pos de potenciar el trabajo en conjunto.

Entre estos objetivos es común encontrar algunos cómo: aumentar el apoyo y la contención familiar entre sus miembros, el mayor y mejor entendimiento de los otros, así como el potenciar una política de comprensión versus una que juzgue, una mejor comunicación familiar, ser capaz de decir (y oír) problemáticas acalladas al interior del grupo, y mejorar la relación entre los miembros.

Este tema, si bien es variable dependiendo el grupo familiar y los objetivos a trabajar, tiende a ser más breve que las psicoterapias individuales, y puede justamente terminar con la derivación de alguno de sus miembros a una instancia de terapia más bien personal.

Hay algunos casos de intervención que se realizan cuando el grupo vivencia actualmente una gran crisis (traumas, accidentes, duelo), y en ese caso el objetivo en específico de esa psicoterapia puede ser más bien la contención del grupo familiar y el apoyo en concreto, en pos de evitar una mayor descomposición o desintegración familiar, por lo que en este caso el periodo puede ser breve (sólo un par de semanas) pero intenso (2 ó 3 veces a la semana).

Sin embargo, la gran mayoría de los casos, si bien corresponden a crisis, no presentan la gravedad y urgencia anterior, por lo que se realiza un proceso de psicoterapia breve. Por breve se entiende generalmente una asistencia semanal por un periodo de entre 3 y 6 meses, sujeto a evaluación por ambas partes.

Finalmente, si bien son menos los casos, también existe terapia familiar con un enfoque de más largo plazo, y que tienen que ver en general con problemáticas que se han vuelto crónicas en la familia y que requieren de un apoyo constante y que varía entre distintas fases durante su tratamiento (en ocasiones sería terapia de crisis, en ocasiones de apoyo, en otras expresiva).

Si bien pueden ser múltiples las situaciones que pueden llevar a una familia a consultar, la mayoría de las veces se debe a estar pasando una importante crisis. Esta puede ser tanto en términos generales de todos los miembros, como estar visibilizada en uno de sus integrantes pero finalmente ser un tema familiar. Es decir, si uno de sus miembros vivencia una situación particularmente difícil (enfermedad crónica, abuso de sustancias, etc.) lo más probable es que no sólo lo afecte a él o ella en privado, sino a todos los miembros de la familia, y que justamente al trabajar con todos ellos en terapia se obtengan incluso mejores resultados que al efectuar una psicoterapia individual (ojo que en algunos casos se puede dar de manera paralela).

Algunos ejemplos de crisis que pueden llevar a una familia a consultar son: problemas graves de salud de alguno de sus miembros, el adaptarse a una nueva situación familiar (nuevo matrimonio de los padres, divorcio, dificultades en adaptación a un nuevo país, entrada a la vejez, adolescencia, etc.), problemas conductuales (vandalismo, dificultad en aceptar los límites), necesidad de mejora en habilidades parentales y toma de roles, vivencias traumáticas (delitos violentos, duelos), y otros.

Sobre Terapia Infantil

1. Si vemos que nuestro niño lo pasa mal, que sufre, que no es feliz y no disfruta en su día a día, al punto de no querer salir de casa ni estar con otras personas.

2. Cuando el desgaste emocional en casa es muy elevado y genera problemas de conducta como conseguir que el niño obedezca, estudie… Con la ayuda de un psicólogo, seguro que se puede mejorar.

3. Cuando los niños tienen problemas en el aprendizaje; no les va bien en el colegio, observamos que les cuesta aprender, que no se centran en clase ni a la hora de hacer los deberes… No hay que esperar a que el fracaso escolar se haya producido y el niño esté suspendiendo o que vaya a repetir curso.

4. Cuando el niño tiene dificultad de relacionarse con los demás, es extremamente tímido y retraído. Lo ideal es pedir ayuda pronto, así será más fácil comenzar una reeducación de los aprendizajes.

5. Cuando el miedo que pueda tener el niño le domine, es decir, persista por mucho tiempo y acabe provocando situaciones de ansiedad.

Si son niños muy  pequeños se lo informaremos el mismo día.

Si son más mayores ,a partir de 7-8 años, podemos hablarlo un día o dos  antes, para que se vayan preparando y  tengan tiempo para aclarar dudas.

Es importante no usar la figura del psicólogo como amenaza. Ej:  “si sigues portándote así te voy a llevar al psicólogo” pues estamos asociándolo a algo negativo, y si  el niño al final tiene que acudir,  lo verá como un castigo, en lugar de una ayuda.

Si son muy pequeños decirles directamente que  vamos  a visitar a Vanessa o Marina. Es decir, llamarlo directamente por el nombre de la psicóloga.

En cuanto entran en Psicode la primera vez y  ven la decoración y los juegos, eso les da la certeza de que es un lugar cálido y divertido.

Es recomendable que vengáis los dos a la primera sesión, siempre que sea posible. Al final de la sesión se ofrecerá toda la información de la evaluación, tratamiento y evolución del niño. En caso de padres separados se mantendrá comunicación telefónica con el progenitor que no haya estado presente, en caso de que éste así lo desee. A partir de la segunda sesión, cuando el trabajo sea individual con el niño, no importa que venga sólo un progenitor.

Para que los efectos sean progresivos y la terapia efectiva, en la mayoría de las situaciones la frecuencia es de una sesión a la semana. En algunos casos puede ser necesaria, de forma puntual, una frecuencia mayor para enfrentarse a una situación especialmente dificultosa o urgente. Para otros casos, en los que el malestar no es tan elevado, puede ser suficiente una sesión cada 15 días o cada mes, pero esta frecuencia más baja puede dificultar que se cumplan los objetivos marcados si se establece desde el principio en lugar de cuando ya se están consiguiendo los objetivos.

No hay una duración exacta para cada tipo de problema ya que esto depende de muchos factores como la complejidad de la situación, el tiempo que hace que ésta se mantiene (suele costar más superar problemas muy arraigados), la implicación del entorno y la motivación para mejorar esa situación, etc. Por estas razones hasta completar la evaluación es imposible decir cuánto durará un tratamiento pero, al menos como orientación, un tratamiento para los problemas de comportamiento o miedos suele ocupar 8-10 sesiones y uno para problemas escolares o déficit de atención entre 10-14.

En cualquier caso, en su mayoría los tratamientos psicológicos suelen durar unos pocos meses (entre 2 y 4 habitualmente), a un ritmo de una sesión semanal.

Sobre red de adicciones

Uno de los obstáculos principales a la hora de acabar con el consumo de una droga o bebida, es la red de pensamientos irracionales que se centran alrededor de la adicción. Dejar de confiar en las drogas o alcohol se considera como una privación de la satisfacción y el consuelo, o una amenaza a su buen funcionamiento. En definitiva, significa para el adicto acabar con la “capa de seguridad” que utiliza para tapar su disforia. Hacer frente uno mismo a una adicción es algo muy complejo ya que el adicto se refuerza con autoengaños, por eso es vital pedir ayuda.

Para ayudar a un adicto, independientemente de la sustancia a la que se tenga adicción, se deben seguir los siguientes pasos:

  • El primero y más importante es el hecho de que el adicto sea consciente de su enfermedad. Si el adicto no se reconoce como tal, es muy difícil empezar un tratamiento para su curación. Para ello, se debe hablar con la persona y hacerla comprender que tiene un problema. Conocer las características de la adicción y los síntomas y signos que provoca con fin de saber reconocerlo.
  • No culpar ni juzgar al enfermo, simplemente hablar con él de una manera asertiva y mostrarle el apoyo y ayuda que se merece.
  • No hacer de este tema un asunto tabú y actuar con naturalidad y templanza. Es decir, hablar con el enfermo con total confianza hará que se sienta más a gusto y menos juzgado, lo que a la vez ayudará muy positivamente en su actitud frente al tratamiento.
  • Animarle a que busque ayuda profesional.
  • Apoyar incondicionalmente al enfermo en su gran paso. Es muy difícil para un adicto acudir a consulta por lo que debemos apoyarle y reforzar el gran esfuerzo que está haciendo.
  • Si él lo prefiere, acompañar al enfermo en su primera consulta. Esto no solo ayudará al enfermo, sino que además le servirá al psicólogo como una figura más de referencia con la que poder tratar el asunto.

Es muy dura la recuperación de un adicto, pero siguiendo estos pasos bajo los principios de amor y apoyo incondicional lograremos que esa persona salga del agujero y encuentre la felicidad y plenitud que tanto merece.

Significa que el terapeuta trabaja con un objetivo en concreto y en común con el grupo familiar, el cual tiene como fin mejorar, solucionar y trabajar una o más áreas a beneficio del bienestar de la familia en su conjunto. Por ejemplo: Un objetivo terapéutico familiar puede ser el mejorar la comunicación entre sus miembros, aprender a escucharse mutuamente y a resolver de mejor manera sus conflictos.

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